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Una de las lecciones más difíciles para cualquier persona creativa

Una crítica no es un ataque. Si hay algo que aprendí después de escribir once libros, no fue únicamente a escribir mejor. Aprendí a recibir devoluciones.

Una de las lecciones más difíciles para cualquier persona creativa

Y creeme: no fue fácil aprender a recibir devoluciones.

Cuando mostramos por primera vez un manuscrito, un proyecto, una idea o cualquier creación propia, estamos especialmente vulnerables. Nuestros miedos están atentos a cualquier comentario que confirme aquello que ya sospechan: "no es suficiente", "no sirve", "no sos capaz".

Por eso muchas veces una observación se siente como un ataque personal.

Sin embargo, una crítica y un ataque no son lo mismo.

Una crítica es una mirada. Un punto de vista. Una interpretación basada en la experiencia de otra persona.

Puede ayudarnos a descubrir puntos ciegos. Puede aportar claridad. Puede señalar aspectos que todavía podemos mejorar.

Y también puede estar equivocada.

El problema aparece cuando dejamos de escuchar el contenido de la devolución para reaccionar únicamente al dolor que nos genera.

En esos momentos, una pregunta puede cambiarlo todo:

¿Qué quisiste decir exactamente?

Muchas devoluciones vagas pueden transformarse en información útil cuando pedimos ejemplos o aclaraciones.

No se trata de aceptar todo lo que nos dicen. Se trata de comprender antes de decidir.

Porque crear implica exponerse.

Y aprender a gestionar las críticas es una habilidad tan importante como escribir, emprender, enseñar o innovar.

La próxima vez que recibas una devolución, probá recordar este mantra:

Una crítica no es un ataque. Es información.
Después vos decidís qué hacer con ella.






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