Sí, vos también tenés un método
Muchas personas creen que para escribir un libro primero necesitan inventar un método extraordinario. Sin embargo, el método suele estar mucho más cerca: vive en las decisiones, preguntas y pasos que repetís cada vez que acompañás a un escriba o a un alumno.
Podés empezar a reconocerlo con una fórmula sencilla:
Cómo llega un escriba o alumno + cómo se va y qué logra + cómo lo consiguió = tu método.
El método del mate
Imaginá que te levantás lenta, desganada y de mal humor. Después de tomar un mate recuperás energía, aparecen las ideas y arrancás el día.
El inicio y el resultado son claros. El método está en todo lo que sucede en el medio.
La temperatura del agua, el tipo de yerba, el orden en que preparás el mate y esos pequeños gestos que repetís sin pensarlos forman parte de tu manera de llegar al resultado.
Con tu trabajo sucede lo mismo. Lo que para vos parece obvio puede ser una guía reveladora para otra persona.
De cada paso puede salir un capítulo
Cuando identificás la secuencia de tu trabajo, cada etapa puede transformarse en un capítulo. El libro deja de ser una montaña abstracta y empieza a tener una estructura concreta: punto de partida, recorrido, herramientas, decisiones y resultado.
Escribir también refina tu práctica
Bajar tu método a papel no solo sirve para enseñar (como por ejemplo me puede pasar a mí). También te permite revisar tu tarea, ordenar lo que sabés, detectar qué funciona y encontrar tu manera de explicarlo.
La formación teórica importa, pero tu experiencia también tiene un lugar. Cuando dejás de usar las palabras de otros como única validación y te animás a confiar en tu criterio, aparece tu verdadero aporte.
Tu método quizás ya existe.
Solo falta que puedas verlo, ordenarlo y convertirlo en palabras.