La energía con la que contás tu proyecto
Cuando estamos en temporada de encuentros y eventos, suele aparecer una pregunta inevitable: ¿de qué vamos a hablar con las personas a las que hace tiempo no vemos?
Podemos concentrarnos en todo lo que está mal o también compartir aquello que nos entusiasma, nos da orgullo y nos recuerda cuánto avanzamos.
Hablar de los escribas que terminaron sus procesos, de quienes se animaron a comenzar, de un libro nuevo o de un evento lleno de gente querida cambia la manera en que vivimos esa conversación. Se iluminan los ojos, cambia la voz y aparece una energía que también llega a quien escucha.
Con la comunicación y la escritura ocurre lo mismo. No solo importan las palabras: también importa cómo nos sentimos al decirlas.
El entusiasmo no se puede fingir
Creer en lo que hacemos no significa mostrar una felicidad forzada ni dulcificar una experiencia que nos está resultando difícil. La falsedad también se percibe.
La invitación es a observar desde qué lugar estamos comunicando. ¿Creemos en nuestro proyecto? ¿Nos entusiasma? ¿Tenemos una expectativa positiva sobre lo que puede suceder o lo presentamos a disgusto y por compromiso?
La emoción con la que contamos una idea puede acercar a otras personas o hacer que se alejen antes de conocerla.
Quiénes son los pisabrotes
Los pisabrotes son aquellas personas que sienten la necesidad de pinchar el globo justo cuando una idea comienza a crecer.
Muchas veces actúan de buena fe. Quieren mostrarnos “la realidad”, advertirnos sobre los riesgos o evitarnos una posible decepción. El resultado puede ser que una idea todavía frágil se apague antes de tener la oportunidad de desarrollarse.
Por eso es importante elegir con cuidado a quién le contamos nuestros proyectos durante sus primeras etapas. No todas las opiniones son necesarias en todos los momentos.
Cuando el pisabrotes sos vos
También podemos ocupar ese lugar frente al entusiasmo de otra persona. Ante una idea que nos parece poco realista, podemos sentir la tentación de dar un “baño de realidad”. A veces, acompañar significa escuchar, hacer preguntas y permitir que el otro explore antes de señalar todos los obstáculos.
El pisabrotes más difícil de detectar, sin embargo, es el interno.
Es esa voz que nos dice que nuestra idea no es suficientemente buena, que no tenemos nada nuevo para aportar o que nadie va a leer lo que escribamos. Para protegernos de una posible decepción, intenta apagar el entusiasmo antes de que podamos avanzar.
Protegé la idea mientras crece
Una idea nueva se parece a un brote: necesita tiempo, atención y un entorno que no la aplaste antes de fortalecerse.
Rodearte de personas que potencien tus proyectos no significa buscar aprobación permanente. Significa elegir conversaciones que te ayuden a pensar, mejorar y avanzar sin destruir el entusiasmo que te puso en movimiento.
Hablá de lo que te haga sentir bien. Reconocé tus logros. Permitite imaginar una posibilidad positiva para tu proyecto.
Y cuando aparezca tu pisabrotes interno, recordale que todavía es demasiado pronto para decidir todo lo que esa idea puede llegar a ser.
Si esa voz está impidiendo que empieces o continúes tu libro, una llamada de claridad puede ayudarte a ordenar el proyecto y encontrar el próximo paso.
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