La motivación es solo el comienzo
Todo proyecto comienza con una cuota de entusiasmo. Hay ideas, energía y ganas de avanzar. Con el tiempo aparecen las tareas repetitivas, los momentos de duda y esas partes del proceso que no resultan tan atractivas.
Esperar a sentir motivación todos los días puede convertir cualquier proyecto en una sucesión de arranques y pausas. Para sostenerlo necesitamos otros recursos.
Recurrir a la alegría
La alegría no siempre aparece de manera espontánea. También podemos entrenarla al reconocer qué actividades, personas y situaciones nos conectan con el disfrute.
Para algunas personas será viajar, asistir a encuentros o conversar con colegas. Para otras, maquillarse, cocinar, cantar, pintar, bailar o cambiarse de ropa aunque no vayan a salir de casa.
El cuerpo también habla
Cuando estamos contentos, el cuerpo suele mostrarlo antes de que lo pongamos en palabras: caminamos de otra manera, sonreímos más, hacemos un pequeño baile o sentimos más ganas de crear.
Observar esas señales ayuda a identificar qué nos hace bien y cómo podemos volver a ese estado cuando aparece el desgano.
Jugar también es parte del trabajo
El juego no es una pérdida de tiempo. En un proceso creativo puede renovar la mirada, destrabar ideas y devolvernos energía para continuar.
Escribir un libro implica compromiso y constancia. También necesita curiosidad, humor y momentos de disfrute. Cuando todo se vuelve obligación, conviene preguntarse qué pequeña dosis de juego podemos incorporar.
Tu propio antídoto contra el desgano
Hacé una lista de canciones, personas, películas, actividades o lugares que te alegran. No esperes a estar agotado para recurrir a ella. Integrá esos recursos a tu rutina creativa.
Sostener un proceso no significa atravesarlo con solemnidad. También se puede avanzar jugando.
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