Escuchá como si fueras a enseñarlo
En Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen R. Covey, encontré una frase que me voló la peluca: “escuchá como si fueras a enseñarlo”.
Si supieras que después de leer un texto vas a tener que explicárselo a alguien, seguramente prestarías otra atención. Buscarías la idea principal, recordarías los ejemplos y tratarías de entenderlo con palabras simples.
Yo hago ese ejercicio casi sin darme cuenta. Cuando leo, escucho o voy a un evento, tengo las antenas paradas y una pregunta interna: ¿esto a quién puede servirle? Muchas de esas ideas después aparecen en mis clases, en las conversaciones con mis alumnos o en estos textos.
Contalo como un chisme
Probá escuchar algo con la intención de ir a contárselo a otra persona. Como hacemos con los chismes.
El chisme no pretende ser académico. Se sostiene en ejemplos, palabras fáciles y detalles concretos. Por eso lo entendemos y lo recordamos. ¿Por qué, entonces, cuando queremos explicar qué hacemos o escribir nuestro libro sentimos que debemos volverlo difícil?
Cuando aparece Exi-Gencia
Exi-Gencia es ese cuco que pretende tu éxito y te hace creer que, para alcanzarlo, tenés que hablar rebuscado. Te empuja a cambiar las primeras palabras —las que usarías naturalmente— por otras que suenan más importantes, aunque muchas veces queden vacías.
En lugar de decir “vas a poder dormir como un tronco y dejar de dar vueltas en la cama”, terminamos prometiendo “bienestar y equilibrio”. ¿Qué diantres significa eso para quien está leyendo?
Exi-Gencia también intenta convencerte de que tu manera de explicar las cosas no sirve, que deberías sonar como alguien a quien admirás o hablar igual que todos en tu nicho. Y ahí pasa lo peor: tu voz desaparece.
Escribir claro no es escribir menos
Usar palabras simples no vuelve pobre un texto. Lo vuelve cercano, recordable y comprensible. Escribir con tu voz tampoco significa dejar de corregir: significa revisar sin borrar eso que hace que el texto sea tuyo.
Antes de escribir, imaginá que después vas a tener que contárselo a alguien. Si podés explicarlo con ejemplos y con las palabras que usás en una conversación, ya diste un paso enorme.
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