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Cuando no cumplís la promesa de escribir tu libro

Postergar un proyecto puede generar bronca y frustración, pero detenerse no significa abandonar. Siempre podés volver, un párrafo a la vez.

Cuando no cumplís la promesa de escribir tu libro

Cuando el otro funciona como espejo

Un domingo, a las 6:30 de la mañana, me despertó el acceso de tos de mi amado. Hace tiempo que tiene que ir al neumonólogo, me aseguró que lo haría y todavía se niega.

Me enojé. Hubo discusión, reproches y una verdadera batalla campal.

Sin embargo, lo que más me molestaba no era solamente su decisión. Era que había dicho que haría algo y no había cumplido su palabra.

Como creo que las parejas pueden funcionar como un excelente espejo, la pregunta apareció casi inmediatamente: ¿en qué me estoy faltando yo a la palabra?

Las promesas que nos hacemos

Muchas veces decimos que vamos a comenzar un proyecto, retomar una idea o terminar aquello que dejamos a mitad de camino.

Después aparecen las obligaciones, las dudas, el cansancio y todas las explicaciones posibles. Algunas son razonables. Otras son esos BLABLABLA que inventamos para no mirar de frente lo que estamos postergando.

Entonces llega una pregunta todavía más incómoda: ¿en qué me estoy subestimando?

Quizás creemos que nuestras ideas no son tan importantes, que todavía no sabemos lo suficiente o que nuestra experiencia no merece convertirse en un libro.

Ahí aparece Mabel.

El cuco que te baja el precio

Mabel es el cuco que subestima tus ideas, tus conocimientos, tu trayectoria y tus acciones.

También lleva un registro bastante minucioso de cada promesa que no cumpliste y se ocupa de recordártela cuando intentás volver a empezar.

Este cuco aparece con frecuencia entre los escribas. Lo veo en la bronca y la frustración de quienes se bloquearon, dejaron de escribir o sienten que se fallaron a sí mismos porque todavía no terminaron su libro.

Sin embargo, una pausa no es necesariamente un abandono.

Detenerse también puede ser parte del proceso

Detenerse no significa dejar todo ni faltar a la palabra. A veces necesitamos tomar aire, revisar lo que estamos haciendo y recuperar fuerzas para continuar.

La dificultad aparece cuando convertimos una pausa en una sentencia definitiva: “No pude”, “no sirvo”, “nunca lo voy a terminar”.

En esos momentos conviene recordar tres ideas:

Detenerse no es abandonar. Se puede respirar y seguir.

Un párrafo a la vez. No necesitás resolver el libro completo cada vez que te sentás a escribir.

Dejá salir a tu mostro. Permitile patalear y decir todo lo que quiera. Cuando se canse, lo abrazás y volvés a empezar.

Siempre podés volver

Cumplirte no significa avanzar de manera perfecta, constante y sin tropiezos.

Significa regresar a la promesa.

Volver a abrir el documento, releer una página, escribir un párrafo o tomar una decisión pequeña que te acerque nuevamente al proyecto.

Si te dijiste que este año ibas a empezar a escribir tu libro y sentís que te faltaste a la palabra, todavía estás a tiempo.

Hacé clic en esta afirmación: QUIERO CUMPLIRME



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